"A base de palos, aprende el burro..."

Sin ánimo de ofender a nadie, pero, ¿cuántas veces habremos escuchado este refrán popular referido a nosotros mismos? Pues en fútbol, también se puede aplicar cuando se trata del desconocimiento del reglamento. Y es que, no sé si por culpa de la desinformación (quizá no llegan circulares a los clubes con las reglas del juego por parte del comité de competición de nuestra FFRM), o por falta de leer esa información (quizá sí llegan circulares a los clubes con las reglas del juego pero se convierten en papel mojado), a nuestros jugadores y técnicos no les queda otra que la de “aprender sobre el terreno”, en este caso, de juego, y lo hacen en muchas ocasiones “a base de palos”; o lo que es lo mismo para el efecto futbolístico: a base de tarjetas.

Hay dos situaciones que en las últimas semanas a mí, como simple espectadora que solo va a ver un partido porque le apasiona este deporte, sin importarle el resultado o los intereses de cada uno de los contendientes, me han parecido divertidas. Evidentemente, los aficionados o miembros de los equipos afectados no compartieron mi diversión, y tampoco los colegiados.

La primera situación la viví en tercera persona (como casi siempre que voy a cubrir partidos para www.trecera.com), en dos encuentros relativamente recientes: CD Beniel vs. EF Alhama y Real Murcia Imperial vs. Muleño. En ambos, un jugador necesitaba salir del campo para cambiarse las botas y, desde el banquillo e incluso desde la grada, se increpaba al correspondiente colegiado para que autorizara la salida de dicho jugador con el consecuente enfado del árbitro que explicaba, voz en grito, que los jugadores no necesitan su permiso para salir del terreno de juego; solo lo necesitan para entrar en él.

La segunda situación he tenido la oportunidad de verla repetida en estas dos últimas semanas y el protagonista activo y pasivo fue el mismo equipo: El Palmar.

En la jornada 15 fui con mis “trecerianos” a ver El Palmar vs. Bullense, y cuál fue el disgusto de los locales cuando su delantero Ginés, al marcar el 1-0, se fue a celebrarlo con alguien de la grada y el colegiado del encuentro le mostró una cartulina amarilla. Os podéis imaginar las protestas que los aficionados, sin entender nada, al igual que jugadores y técnicos locales, le dedicaron al árbitro.

Aunque, como ya he dicho, “a base de palos, aprende el burro” y ya sabéis cómo es el fútbol: lo que unas veces te quita, otras te lo da; y a la inversa. La semana pasada El Palmar viajó a El Rubial para enfrentarse al Águilas y quiso la suerte que Marco, central blanquiazul que ya llevaba una cartulina amarilla, anotara el 1-0 y fuese a celebrarlo a la grada. El colegiado del encuentro no se percató, pero los propios jugadores de El Palmar, que ya conocían de sobra el castigo que una celebración de esas características conlleva, se lo hicieron saber y Marcó acabó camino del vestuario de forma fulminante. Los aficionados, técnicos y jugadores locales no entendían el por qué de esa amarilla y protestaron incesantemente, pero como “a base de palos, aprende el burro”, tengo claro que, al igual que los palmareños, para el próximo encuentro y los sucesivos, también ellos habrán aprendido una norma más del juego…