Un fin de semana sin fútbol, no es un fin de semana...

     Dedicado a aquellos que necesitan tener un balón en sus vidas…

 

     Ha sido este fin de semana un tanto atípico para mí, y lo ha sido porque hacía mucho tiempo, me atrevo a decir que años, que habiendo Liga, yo no veía un partido de fútbol.

     ¿Que cómo lo he llevado? Pues, aunque me lo he pasado genial en Dublín, era como si no fuera fin de semana, porque yo no concibo un sábado y/o un domingo sin un balón de por medio. Y es que para mí, un fin de semana sin fútbol, no es un fin de semana. Ahora me siento como si esta semana no hubiera tenido ni sábado ni domingo; como si esos dos días se hubieran disfrazado de, por ejemplo, un lunes y un martes festivos.

     Es cierto que los que seguimos este deporte sin practicarlo nunca sentiremos lo que sentís los que lo hacéis posible desde que suena el pitido inicial; es cierto que no entenderemos realmente lo que es llegar a tener “mil pulsaciones” durante esos 90 minutos. Pero lo que sí sé es que nosotros, desde el otro lado (ese que empieza donde el césped acaba), somos capaces de encontrarnos con más vida o con menos ganas de vivirla dependiendo de lo que ocurre a pocos metros de donde estamos.

     Supongo que esa es la verdadera grandeza de este deporte: da igual quiénes somos, a quién animamos o qué nos preocupa; da igual si somos aficionados, jugadores, entrenadores, directivos, árbitros… O lo más importante, da igual cómo vivimos en el día a día el fútbol. Porque ya sea dentro o fuera del verde, los apasionados de este deporte, durante casi dos horas, sentimos que solo existe un objeto en el mundo capaz de hacernos felices, y que no es otro que el balón.

     Quizá haya quien piense que el atípico no ha sido el fin de semana, sino que la atípica soy yo (“atípica” por no decir otra cosa :D); pero por suerte, sé que a quienes va dedicado este artículo (a vosotros, los que vivís intensamente cada partido dándolo todo, ya sea en una grada, en un banquillo o dentro de un terreno de juego), me entenderéis cuando digo eso de “un fin de semana sin fútbol, no es un fin de semana”.