Cuando un terreno de juego se convierte en una pasarela

Dedicado a aquellos señores que juegan al fútbol y que se den por aludidos.

¿Quién no les ha escuchado alguna vez protestar porque el árbitro del encuentro les pide que abandonen el campo para que se quiten esa pulsera de la suerte, esa muñequera de marca o ese pendiente de aro?

Todos sabemos de sobra que está prohibido llevar dentro de un campo de fútbol cualquier complemento que no sea una de las cinco piezas básicas del equipamiento: camiseta, pantalón corto, calcetas, espinilleras y botas (a excepción del portero, claro está, que también lleva sus guantes).

Sin embargo, hasta no hace demasiados años, era frecuente ver cómo ustedes utilizaban, por ejemplo, una muñequera “Nike” o “Adidas” que le daba un toque de color a su antebrazo durante el partido; por supuesto, ese toque de color coincidía “casualmente” con el de alguno de los elementos de su equipación.

El reglamento sabemos que prohibió estos elementos alegando que son innecesarios para la práctica del fútbol. Sin embargo, ¡cuántas veces les habré oido yo decir a ustedes eso de “qué más le dará al árbitro que lleve mi muñequera”!

¿Y se acuerdan de aquellas calcetas “reforzadas” con cinta adhesiva de un color distinto con el pretexto de que dichas calcetas no se les bajaran? “Casualmente”, la cinta adhesiva también se conjuntaba a las mil maravillas con algún elemento de su equipación… De ese modo, con un trozo de cinta blanca, las calcetas del Águilas o del Molina se podían convertir en las del Sporting Aguileño en un momento, o las de El Palmar y la Minera, en las del Bullense.

Actualmente saben que no se prohíbe la cinta adhesiva, siempre y cuando sea del mismo color que las calcetas. En cambio, sí se prohíbe que la cinta sea de distinto color, ya que puede llevar a la confusión al colegiado del encuentro. Sin embargo, ¡cuántas veces les habré oido yo decir a ustedes eso de “qué más le dará al árbitro del color que sea la cinta”!

Los abalorios ya eran palabras mayores: pulseritas de cuero, pendientes de brillantes, algún que otro anillo… Todos sabemos, ustedes también, que el reglamento los prohibió por el peligro de causar algún tipo de lesión a otro jugador o a ustedes mismos, portadores de dichas joyas.

Sin embargo, ¡cuántas veces les habré oido yo decir a ustedes eso de “qué más le dará al árbitro que lleve este amuleto”!

No se trata ya de que un árbitro se confunda ese día o no por llevar esos colores en las calcetas, o que un complemento “extra” pueda dañar o no a un adversario. Es tan simple como que el reglamento estipula el equipamiento de los equipos y los árbitros están para hacer cumplir ese reglamento.

Todo lo demás sobra. Porque señores, ustedes van a un campo a jugar al fútbol, y nosotros vamos por verlos jugar, ya que son los protagonistas absolutos de este espectáculo.

A todos nos gusta ir guapos, es cierto y comprensible, pero la verdad es que a nosotros, simples espectadores, cómo lleven ustedes el pelo, o sus calcetas, o si van conjuntados… Sinceramente y sin acritud, no nos interesa. Porque fútbol es fútbol. Y, al menos para los que vamos a verles, la moda se encuentra en otro lugar.