Jornada 20. Real Murcia 1-0 Sanluqueño

Charlie Dean, el arreglatodo del Real Murcia

Un Real Murcia en cuadro regresa a la senda del triunfo gracias a un gol del defensa central en los minutos finales

Una jugada de estrategia cambia el rumbo de un partido en el que los granas vuelven a fallar demasiado.

Nadie es imprescindible en el Real Murcia. La frase, que bien podría estar grabada en cualquier pared de Nueva Condomina, la ha asumido con naturalidad Manolo Herrero. También la afición. No tanto los jugadores, o algunos de ellos, de hecho hay varios que ya han forzado su salida y otros que podrían hacerlo en los próximos días al no querer formar parte de una plantilla que va a sufrir tal cambio que va a tener difícil adaptarse para estar al nivel de los mejores.

Nadie es imprescindible. Repetimos, o repiten desde el consejo de administración. Pero cada semana siempre son los mismos futbolistas los que acaban convirtiéndose en el ángel de la guarda. Lo fue Dani Aquino cuando quiso. Aunque ya no lo volverá a ser, porque el murciano ha dejado de golpe de amar el escudo murcianista para ponerse al servicio de otro, al que en su presentación, como ya hizo en Santander o aquí, no dudará en besar. Y lo son ahora mismo Charlie Dean y Hugo Álvarez.

El gran trabajo de los dos centrales, que tienen múltiples pretendientes que trabajan por llevarles al altar en este mes de enero, ha permitido a los de Herrero ser el segundo equipo menos goleado junto a Cartagena y San Fernando, y solo por detrás del Linense. Pero ya no solo evitan goles, ahora también los marcan. Porque ayer fue Charlie Dean el culpable de que los tres puntos se quedasen en Nueva Condomina.

Sin Dani Aquino, que supo destacar en el momento justo para poder escapar de 'casa', con Víctor Curto y Chumbi renqueantes de sus graves lesiones y con Manel Martínez negado con el gol, como se volvió a ver frente al Sanluqueño, la afición ya se veía abandonando el estadio con el sabor empalagoso que dejan los empates a cero.

De poco valía el dominio total del Real Murcia ante un rival que llegó a encerrarse y a salvar como fuese un punto, porque en el minuto 70 los de Herrero apenas habían puesto en aprietos a Dani Barrero, y las veces que lo hicieron fue con disparos lejanos y blanditos. Lo intentaba una y otra vez un Josema al que su juventud no le ha impedido coger los mandos y tirar de sus compañeros hacia arriba; también se probaba en la primera parte Julio Delgado, pero la claridad que había para mover el balón en esa zona a la que el Sanluqueño renunció para desgracia de Güiza y Mawi acababa cuando tocaba adentrarse en territorio peligroso.

Como si en vez de césped se jugase en un campo de minas, ninguno de los futbolistas elegidos por Manolo Herrero era capaz de jugar con alegría, de sacar la cerilla y encender la mecha que animase a un Manel Martínez más que acostumbrado ya a guerrear por su cuenta.

La muralla colocada por Falete tampoco ayudaba. No encontraban los granas la forma de derribar el muro. Josema y Santi Bernal, delantero del filial que ayer debutaba con el primer equipo, se intercambiaban por las bandas para intentar sorprender, pero cada intento siempre acababa rechazado por los andaluces, que llegaban a Nueva Condomina con la lección bien aprendida.

Los cuarenta y cinco primeros minutos pasaron lentos, como todo lo que aburre, como cuando miramos el reloj cada segundo creyendo que ya ha pasado una hora desde la última vez. El Real Murcia resultaba repetitivo. Era como cuando nos perdemos y pasamos una y otra vez por la misma calle sin saber encontrar el destino. Sin Álex Corredera, otro de los que ha decidido sumarse a la estampida tras las promesas incumplidas y el futuro a corto plazo poco prometedor, Herrero apostó por un Miñano que no tuvo problemas para, junto a Maestre, ganar el centro del campo. Ayudaba a eso el desinterés de un Sanluqueño que nunca quiso dar un paso al frente, que pensó que podría llegar a la meta con la puerta a cero y un punto en el bolsillo.

Lo fueron consiguiendo los andaluces a la vez que los granas se desesperaban. Nadie era capaz de poner luz en medio de la oscuridad. Todos los intentos eran demasiado previsibles. Y así se llegó al descanso, con la sensación de que tocaría repetir merienda, porque el 0-0 no estaba dispuesto a irse del marcador así porque sí.

Nada más iniciarse la segunda parte, Mawi obligaba a probarse a un Mackay hasta ese momento inédito. De Dani Güiza, uno de esos jugadores que siempre llama la atención allá por donde pasa, solo quedaba el nombre y el recuerdo. El delantero internacional español y ex del Ciudad de Murcia se mueve ahora por una zona poco propicia para un depredador del área.

No tardaba Herrero en mover el banquillo. Esta vez sí consideró en que era necesario aumentar los efectivos en ataque. Si el Real Murcia necesita mil para meter un gol, pues habrá que crear 1.001 debió pensar el técnico, porque a diferencia de la semana anterior, su primer movimiento fue llamar a Chumbi. El delantero sustituía a un Bernal al que le pudo su juventud y sus ganas de agradar. Salió a darlo todo, se olvidó de medir esfuerzos, y a los cuarenta minutos ya empezó a notar el cansancio.

Con Chumbi y Manel Martínez, los granas se sintieron cómodos. Coincidió el paso al frente con el agotamiento que empezaba a afectar al Sanluqueño. El asedio cada vez era mayor. Como en las batallas bélicas, el ejército de Herrero fue cortando todas las vías de supervivencia de los andaluces. Josema seguía metiendo centros laterales por la derecha y Julio Delgado intentaba sorprender por la izquierda. Crecían las combinaciones y el rival cada vez estaba más encerrado. Los balones eran rechazados una y otra vez como si rebotaran en una pared. Chumbi solo necesitó dos segundos para empezar a dar más valor a las llegadas murcianistas, pero la primera clara la tuvo Manel Martínez. El catalán se adentraba en el área y con un disparo cruzado superaba a Barbero, pero, con todo el mundo expectante, el esférico se estrelló en el palo para lamento del propio jugador grana y de los aficionados.

Era el camino a seguir. Tocaba olvidarse de todos los problemas y ser insistente en los veinte minutos que restaban para la conclusión. El Sanluqueño ya había enseñado las cartas, no tenía ningún 'As' bajo la manga, y los de Herrero siguieron con el asedio.

Ante la baja de Dani Aquino y la falta de gol de los delanteros, Charlie Dean emergió como un delfín que sale del agua majestuoso para sorpresa de los pasajeros de un crucero para arreglar lo que estaba llamado a convertirse en un buen marrón. Como ayer apenas tuvo trabajo en defensa, el central se hizo grande en el área contraria para, en un saque de córner lanzado por Josema, sorprender al Sanluqueño y batir a un Barbero que nada pudo hacer ante el cabezazo del '4' murcianista.

Para tranquilidad de todos, el Real Murcia no sufrió, como suele, en los instantes finales. El rival estaba muerto y los granas pudieron hacer daño, pero Manel Martínez demostró que está gafado de cara a gol, primero disparó muy cruzado y después falló un claro mano a mano con Barbero. Sin embargo, visto lo visto, nadie se acordará hoy de los fallos del catalán, y todo por que Charlie Dean sacó la barrita arreglatodo para dar la primera alegría de 2019.