Entrevista a José Luis Acciari (Parte I)

ACCIARI: “EL PARTIDO CONTRA EL REAL JÁEN FUE EL MÁS IMPORTANTE QUE HE JUGADO CON LA CAMISETA DEL REAL MURCIA”

 

Desde hace meses tenía en la cabeza llevar a cabo esta publicación. José Luis Acciari es más que un símbolo para el Real Murcia y quería que esta entrevista saliera de la mejor manera posible. Para ello tenía claro que iba a pedir ayuda al “Acciariólogo” por excelencia.  

Alberto Lozano, un amigo personal desde que tenía cuatro años y presidente de la peña “El 15 Pimentonero”, fundada en el año 2008 y cuyo nombre es un homenaje al protagonista de esta entrevista. Alberto me ha ayudado mucho con las preguntas.

Llegamos al gimnasio Sport Club, en el centro de Murcia, que es propiedad de nuestro entrevistado y nos quedamos esperando que llegara porque nos presentamos un rato antes de la hora prevista. Cuando aparece, nos saludamos y se muestra como un gran anfitrión. Durante unos minutos hablamos de la actualidad del primer equipo y del filial en el que Acciari recuerda cuando le tocó ponerse de portero como hizo Carlos Alvárez la semana pasada.

Ponemos la grabadora en funcionamiento y nos responde a todas las preguntas que le hemos preparado. No hemos querido dejar nada de la entrevista fuera y la hemos dividido en tres partes.

¿Cómo recuerdas tu infancia?

Recuerdos siempre relacionados con un balón. En Argentina jugábamos en las calles, en cualquier espacio pequeño. Mis amigos y yo solo teníamos un balón y siempre jugábamos con ese porque no había más.

Recuerdos también de mi equipo de mi ciudad, el San Miguel, ya que mi casa estaba muy cerca del campo. Una infancia muy bonita marcada por los amigos del barrio y por el balón.

¿La pasión por el fútbol te la inculca alguien en concreto de tu entorno?

Mi papá era periodista deportivo y seguí las temporadas del Club Atlético San Miguel y yo de pequeño siempre lo acompañaba a todos los campos. Él fue el que me inició para ver fútbol y me gustó. Cada semana, desde que era pequeño, veo seis o siete partidos cada semana. Es mi pasión ver fútbol.

¿Qué supuso para aquel niño que hizo todas las inferiores en San Miguel llegar con 17 años al primer equipo?

Yo comencé en el club a los once años. Hice toda mis bases allí, era recogepelotas, era aficionado del equipo. Cuando empecé a jugar en el filial y estar cerca del primer equipo ya era un sueño al ver que estaba cerca la posibilidad de jugar en el equipo de mi vida, de mi infancia, de mi todo. Cuando tuve la oportunidad de jugar fue un sueño hecho realidad.

Y encima en 1997 te tocó vivir tu primer gran momento como futbolista que fue el primer, y hasta ahora único, ascenso de San Miguel a la Nacional B tras vencer en la final a Dock Sud.

Sí, fue maravilloso. Tras debutar me pasé entre un año y un año y medio alternando el primer equipo y el filial, pero la temporada del ascenso la jugué entera y fui importante para ascender. Celebrar con mi familia, con mis amigos, fue un momento muy importante ya que lo celebré como jugador y como hincha.

En esta época nació la superstición de jugar con la mano derecha vendada.

Sí, estaba en San Miguel. Con 18 años y bueno, me quemaron unas verrugas. Jugué un partido con la mano vendada y ese día ganamos y marqué un gol, y ya desde entonces no me la quité más (risas).

Más tarde, de la mano de Cachín Blanco, llegaría tu estancia en Banfield, con el que rozásteis el ascenso a Primera.

Cachín Blanco fue para mí una especie de padre futbolístico en Argentina. Estuve dos años con él en San Miguel y después me llevó a Banfield, que era un equipo que estaba en Segunda y, aunque perdimos en semifinales el ascenso a Primera, es cierto que mi nombre empezó a sonar más fuerte a nivel nacional, ya que jugaba en un equipo que se televisaba mucho y los campos estaban llenos y tenía mucha prensa.

Se os escapó el ascenso, pero a nivel personal sí diste el salto. En el año 2000 te llegó tu oportunidad de debutar en Primera y encima en uno de los equipos clásicos de Argentina como es Estudiantes de La Plata.  En aquella plantilla había grandes jugadores como Roberto “Tito” Pompei, Galleti o “El Tecla” Farías.

Si, jugar en la Primera División de tu país es un sueño que todo futbolista tiene y yo no me podía ni plantear dar el salto a Europa. Lo conseguí en Estudiantes, pero es cierto que no fue un buen año a nivel deportivo porque no jugué mucho. El equipo era muy competitivo, con jugadores de muchísima experiencia, y eso hizo que no jugara lo que hubiera deseado; pero sí es de los años que más pude aprender al estar con compañeros que han estado muchos años en Primera y lo recuerdo como un año muy importante.

Por último, un breve paso por Almagro antes de cerrar tu etapa en Argentina. Un club que aquí sonaba mucho por la cantidad de jugadores (Tonelotto, Meloño, Maciel y Figueroa) que empezaban a llegar al Real Murcia como consecuencia de la buena relación entre Dardo De Marchi y Jesús Samper.

Sí, ya antes de que yo me fuera al Murcia ya se habían ido otros compañeros y está claro que mi paso por el club me abrió la puerta para venir aquí. Yo no tenía pensado ir a Europa. Jugué seis meses en Almagro y marqué varios goles y jugué a un gran nivel. Después me entero que el Real Murcia me viene siguiendo desde mi etapa en Banfield.

 Te imagino en esa época, tras conocer el interés del cuadro grana, en tu casa, buscando en un mapa donde está nuestra maravillosa Región…

(risas) Sí, no sabía dónde estaba. Me llamaron el 10 de enero y me ofrecieron la posibilidad de que me contrataran, y yo pertenecía a San Miguel; y sí, lo primero que hice fue buscar en un mapa para saber dónde estaba Murcia, y a partir de ahí sí que me puse a buscar noticias, a interiorizar lo que es el fútbol español, ya que en Argentina televisaban la Primera División, pero no la Segunda.

Desde ese momento estuve a la expectativa de que se pudiera dar el fichaje, pero recuerdo que tras el interés formal en ficharme, el Real Murcia ganó los dos siguientes partidos y el interés como que se esfumó al estar quince días sin llamarme. En ese momento pensé que ya pasó la oportunidad y que no me iban a llamar. Tras eso recuerdo que perdieron uno o dos partidos y me volvieron a llamar y me dijeron: “José Luis, ¿quieres venir?”. Yo ya estaba de vuelta fichado por Banfield, que estaba en Primera; recuerdo que vine de un entrenamiento y tenía que firmar el contrato con Banfield un martes, porque nos dieron libre lunes. Ese domingo me llama el Real Murcia y yo le dije que sí al momento y que hablara con Banfield, y se hizo todo rapidísimo. Viajé el 29 de enero del 2002 a Murcia y al siguiente día se cerró todo.

¿Qué suponía para ti dar el salto a Europa?

Fue una alegría inmesa. Recuerdo que tenía la ilusión mientras armaba la maleta. Mi novia, que ahora es mi mujer, estaba en Argentina y trabajaba, y yo venía cinco meses y no me la podía traer ya que no sabía cómo podía ir en estos meses. Dejé la casa de mis padres, dejé a mi novia, y cuando estoy en el aeropuerto ya empiezo a tener conciencia de que me estoy yendo de mi lugar, de mis amigos, de mi casa… y a partir de ahí tomo conciencia de que me voy a otro país, cambio el chip y digo: “Esta es la oportunidad de mi vida y la tengo que aprovechar”.

¿Siempre has jugado de mediocentro en Argentina?

Sí, siempre. Fue mi sitio desde que tenía diez años. Cuando tenía trece años no crecía de altura y bueno, mi padre me llevó a un médico para poder crecer y a partir de ahí empecé a tomar hormonas para poder desarrollarme. A partir de los 18 se nota el desarrollo y empiezo a crecer.

¿Cuál es el primer recuerdo que se te viene a la cabeza de aquellos primeros días en Murcia?

Tengo muchos recuerdos de esos días. Yo llego al hotel “Rincón de Pepe” un sábado por la mañana y el Real Murcia jugaba con el Levante esa misma noche. El entrenador era el Chato González y entonces, bueno, hago la presentación oficial como nuevo jugador del Real Murcia la mañana del sábado, estoy con la prensa y vuelvo al hotel.

El Real Murcia creo que jugaba a las 19h y Paco Zaragoza y otra gente del club me dice que luego se pasaban a buscarme para ir al partido. El club me había dado un coche y yo les digo que no, que no hace falta, que está cerquita y que yo voy por mi cuenta. Salí a las 18h del hotel con el coche y llegué al campo a las 19:05, me perdí por Murcia (risas). El partido ya había empezado y llegué y, sin hacer ruido, me senté en el palco.

Ese partido lo pierde el Murcia 0-1 y echan a Chato González. David Vidal llega y él no me conocía. Chato era quien me conocía y me había fichado.

Una anécdota de esos días es que hice mi primer entrenamiento yo solo con el preparador físico Jesús Pérez. Lo hice estando muy cansado tras el viaje de Argentina, y Tavira, que era utillero (esto hay que decir que me lo contó después), le dijo ese día en La Condomina a Chato González cuando le preguntó por mí: “No sabe ni correr”. Yo estaba muerto del viaje. Ahora siempre lo recuerdo con Tavira y nos reímos de esa anécdota porque me vio agotado ese día.

Aunque los argentinos sois muy de poner apodos, tu característico “Loco” te lo pusieron aquí en Murcia.

Sí, fue Richi Carrero. En los entrenamientos me empezó a decir: “loco”, “loco”, “loco” y desde entonces me quedé con el “Loco”.

El 3 de marzo de 2002 llega tu debut con el Real Murcia en la fría Soria.

Sí, me costó debutar. Yo traía mis manías del fútbol argentino y me costó ganarme la confianza de David Vidal. El técnico estaba encima de mí diciendo que jugara a un toque, a dos toques como mucho, que jugara con rapidez; y yo tenía mis costumbres de Argentina.

Fui al banquillo contra el Sporting y contra el Recreativo anteriormente, pero no ingresé y, finalmente, fue en Los Pajaritos, en un partido que nevaba y hacía mucho frío. ¡Era la primera vez que veía nevar! Empecé en el banquillo y cuando David Vidal me manda calentar tenía los dedos congelados. Ese día lo recuerdo mucho porque fue mi debut y comienza mi historia con el Real Murcia.

Y así llega tu primer gran día como murcianista frente al Real Jaén, en un partido en el que la permanencia estaba en juego.

Para todo el murcianismo fue una semana muy dura. Había mucho nerviosismo porque sabía que si se perdía se descendía y recuerdo que David Vidal se puso muy mal esa semana y estuvo tres días sin poder entrenar con nosotros por los nervios.

Teníamos una presión enorme porque si empatábamos o perdíamos, descendíamos automáticamente, y lo único que nos servía era ganar.

Y a nivel personal yo sabía que si el equipo descendía, me volvía a Argentina porque era extracomunitario y en Segunda B no podían jugar los extracomunitarios. Entonces, fue una semana de mucho estrés y de saber que, por un lado, el Real Murcia se jugaba la permanencia; y por otro, yo me jugaba mi futuro. Había muchas cosas en juego. Para mí es el partido más importante que jugué con el Real Murcia. Después jugué muchos importantes, como el día del ascenso ante el Levante, pero si el Murcia no ganaba ese partido, yo me volvía a Argentina y todo lo que he vivido posteriormente, no lo hubiera vivido porque se hubiera terminado ahí.