Jornada 38. Balona 0 - 0 Granada B

 Árbitro: Álvaro Moreno Aragón, granadino adscrito al colegio madrileño. Llegó muy presionado por la polvareda que había levantado su designación, pero hizo un trabajo intachable (), con la fortuna de que no hubo jugadas polémicas. Muy bien auxiliado por Antonio Ramos y Pablo Parra.

tarjetas: Amarillas a los locales Copi (32') y Javi Gallardo (37'), así como al entrenador, Rafa Escobar (37'). Por parte visitante fueron amonestados Sulayman (22'), Corozo (41') y Machís (43').

incidencias: Encuentro de la última jornada en el grupo IV de la Segunda división B, disputado en el Municipal de La Línea ante unos 1.500 espectadores. Antes del comienzo del choque se guardó un minuto de silencio en memoria del artista local Nacho Falgueras y del socio Francisco Genal.

El milagro [deportivo], que se antojaba muy difícil, no llegó a consumarse. El Villanovense no desaprovechó su condición de favorito, encauzó pronto la clasificación para la fase de ascenso, así que Balona y Granada B acabaron jugando por nada y empatando sin goles en un partido que repartió ocasiones para que incluso hubiesen repetido el tres-tres de la primera vuelta. La añeja afición de La Línea, la misma que se ha mostrado cicatera con los elogios en los últimos meses, ofreció la enésima lección de sabiduría y mucho antes de que la temporada echase el telón, con su centenario equipo ya ajusticiado, estaba aclamando a los que, sorteando limitaciones y adversidades, han sido capaces de llegar mucho más lejos de lo que cabría haberles pedido. Por mucho que al final dejasen escapar el premio gordo de una forma especialmente dolorosa. Una campaña como la que recién acaba merecía una ovación como la que recibió el vestuario cuando se despedía desde el terreno de juego, pero también un desenlace que no existió, entre otras cosas, por esa puñetera derrota en Marbella de una semana antes. Un marcador de esos que dará muchas vueltas ahora que llega la hora de los análisis.

El Balona-Granada B se prolongó por espacio de unos quince minutos. Los que unos y otros disputaron preguntándose si el Betis B [centro de todas las críticas y muy especialmente su entrenador, el linense Juan Merino, por la alineación que presentó] obraría la gesta. Cuando cayó el segundo gol del Villanovense la frustración, transformada en ese silencio que sabe a derrota, se trasladó al terreno de juego. Al resto del partido le faltó eso que el fútbol sólo tiene cuando hay mucho en juego.

En esos primeros quince minutos el marcador ya pudo variar. Olmo se encontró un mal despeje en el mismo borde del área pequeña, pero no atinó con el balón. Seis después Wilson Cuero se fue de todos, llegó a sortear a Lolo Soler, pero su disparo se marchó una cuarta a la derecha del marco.

La Balona acusó el mazazo de saberse apeada de la pelea por el cuarto puesto y durante diez minutos fue el equipo nazarí el que inquieto, pero en el 35' Canario soltó el que puede ser uno de sus últimos chispazos con la casaca albinegra y entregó a José Ramón a la espalda de la defensa, que con todo a favor estrelló el esférico en el larguero. Otra vez a vueltas con su acentuada pelea con el gol.

En el último instante de la primera mitad, Bravo se encontró con un pase de la muerte y disparo con el alma, pero Lolo Soler replicó con una parada sencillamente escalofriante.

Tras el regreso al césped, hasta en el lenguaje gestual se palpaba que balonos y granadistas habían enterrado el hacha de guerra. Que ambos sabían que la suerte estaba echada. Así que si el marcador se desestabilizaba -que pudo hacerlo- ya era más una cuestión más de individualidades que de una pelea colectiva.

Canario -decidido a despedirse a lo grande- pudo hacerlo en el 63', pero esa vez le tocó a Dimitrievski demostrar su valía con una mano abajo espectacular. Juampe lo intentó en el 70' y Bravo -éste para los visitantes- en el 73'. Los granadinos volvieron a tenerla dos más tarde, pero el recién llegado Peña, con todo a favor, golpeó con el interior, como si nada le fuera ya en la batalla, y el esférico salió con tan poquísimo fuerza que al guardavallas le bastó con agacharse.

A diez del final la grada decidió que ya no había nada en juego. Que no merecía la pena seguir esperando, y comenzó a tributar un más que merecido homenaje a los de casa, que oían resonar su himno mientras despedían la temporada. Después alguna que otra lágrima y sentimiento de frustración. Pero como este deporte es tan grande, dentro de cuatro días mal contados la preocupación será cuándo se juega en La Estación el primer partido de pretemporada. Ésta, sencillamente, se acabó.